DISEÑAR EN CONTEXTOS DE POSCONFLICTO
Análisis del territorio como base para espacios educativos
Esta investigación se encuentra actualmente en proceso y surge del interés por entender cómo el diseño de espacios educativos puede responder a contextos de posconflicto, donde el territorio no solo se define por lo físico, sino también por sus dimensiones sociales, culturales y emocionales.
Más que llegar a respuestas cerradas, el objetivo ha sido abrir preguntas, observar y construir una lectura crítica del contexto antes de plantear cualquier decisión de diseño.
¿Cómo puede el análisis del territorio orientar el diseño de espacios educativos en contextos de posconflicto?
Mi enfoque parte de entender el territorio como un sistema complejo. No se trata únicamente de ubicar un proyecto, sino de reconocer las dinámicas que lo atraviesan: relaciones sociales, formas de habitar, tensiones y oportunidades. El diseño aparece entonces no como una solución inmediata, sino como el resultado de un proceso de análisis, escucha e interpretación.
Trabajo de campo en I.E Antonio Maria Bedoya
Como parte del proceso, he realizado trabajo de campo en la Institución Educativa Antonio María Bedoya, en Bello, donde he podido observar directamente las condiciones espaciales y las dinámicas de uso del entorno educativo. Este acercamiento ha permitido identificar problemáticas concretas, entre ellas fallos estructurales, condiciones físicas deficientes y limitaciones en los espacios que afectan directamente la experiencia de aprendizaje.
A partir de estas observaciones, se hace evidente que el espacio educativo no puede pensarse únicamente desde lo formal o funcional. Las condiciones del entorno influyen en la manera en que se habita, se aprende y se construyen relaciones dentro de la comunidad. También se reconoce la necesidad de espacios más flexibles, dignos y coherentes con el contexto, que no solo respondan a requerimientos técnicos, sino que aporten al bienestar y al arraigo.
El proceso se ha desarrollado desde una lógica de investigación + creación, donde no solo se analiza el contexto, sino que también se generan espacios de participación con la comunidad.
Como parte del trabajo de campo, se realizó un acercamiento directo al entorno escolar, identificando condiciones físicas y problemáticas existentes, entre ellas fallos estructurales y limitaciones en los espacios educativos.
Paralelamente, se desarrolló un taller de imaginarios con estudiantes, con el objetivo de construir, junto a ellos, una visión sobre cómo debería ser su espacio educativo. A través de este ejercicio, fue posible entender no solo necesidades funcionales, sino también deseos, percepciones y formas de habitar el espacio desde su propia experiencia. Este proceso permitió trabajar con y para los estudiantes, integrando sus voces como parte activa en la construcción del proyecto.
Este proceso busca traducirse en criterios de diseño más conscientes, donde las decisiones espaciales respondan directamente a las realidades del territorio, integrando las voces de quienes habitan el espacio y entendiendo la arquitectura como una herramienta que puede aportar a procesos de transformación social.
Esta investigación continúa en proceso, abierta a nuevas preguntas, contextos y aprendizajes.
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